La unidad que nos salva
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Las revoluciones no son hijas exclusivas de una sola generación, sino procesos de continuidad histórica. La nuestra ha tenido la peculiaridad de ser auténtica, y su escuela es ante todo mambisa y martiana.
La unidad que nos salva

Estudios Revolución

Las revoluciones no son hijas exclusivas de una sola generación, sino procesos de continuidad histórica. La nuestra ha tenido la peculiaridad de ser auténtica, y su escuela es ante todo mambisa y martiana.

Así emprendió el difícil camino. Así venció todo tipo de adversidades. Así se ganó un reconocimiento internacional por la entereza de sus líderes que jamás claudicaron, y han acompañado a su pueblo con una dignidad impresionante.

Hace 150 años comenzó el levantamiento del pueblo cubano para alcanzar su definitiva independencia. Se iniciaba la lucha por la libertad, la soberanía y la esperanza.

Entonces éramos solamente un país. En una ocasión escuché decir a Eusebio Leal, Historiador de La Habana, y ante todo cubano de los que aman y fundan, que "el país es un espacio". La Patria comenzó a ser un sueño, una aspiración; y la Nación, un derecho por el que había que luchar, una nación con Leyes, una nación que sería depositaria y respetuosa de su propia cultura.

La nación es ese estado de derecho que está proclamado en el nuevo texto constitucional que construimos juntos  y que enraíza los principios de nuestra Revolución Socialista. La Carta Magna es la brújula de Cuba; y la unidad, la mayor fortaleza que nos ha permitido llegar hasta aquí.

A José Martí, le corresponde el mérito de ser el más genuino autor  del cimiento de la unidad de la nación cubana. Pero, gracias a Fidel Castro, su mejor discípulo, Cuba transitó de colonia a ser Patria.

Martí, en el siglo XIX,  hizo materializar esa unidad a partir de un colosal esfuerzo político y cultural; y Fidel, al evitar que "el Apóstol muriera en el año de su centenario", hizo crecer su memoria y le extrajo a su pensamiento  profundo todas las lecciones necesarias para hacer verdaderamente independiente a Cuba.

En las circunstancias actuales, como nunca antes, la perdurabilidad y fortaleza de la nación tendrá que sustentarse, como garantía decisiva, en la unidad conquistada que se nutre de las ideas y sentimientos que sucesivas generaciones de cubanos fueron tejiendo con su sangre, resistencia, inteligencia, lucha y cultura.

Que nadie lo dude, hoy la brújula del país es la nueva Carta Magna. Y este 24 de febrero el pueblo cubano, en pleno ejercicio de soberanía,
decidirá sobre uno de los temas más importantes para el país que construimos: la aprobación en referendo popular de la nueva Constitución
de la República.

Cada ciudadano en las urnas responderá en la casilla su decisión soberana.En este tiempo crucial para las definiciones;  el Sí, no es una consigna. Es votar por la cubanidad, por la riqueza cultural que hemos ido forjando, por la independencia plena, y ante todo, por la unidad gestada, conquistada y defendida por generaciones de hijos de esta tierra.

Ciertamente, los cubanos podemos hablar de la unidad,  porque la Revolución está viva, absolutamente viva, y busca su propio camino para seguir adelante.

Esta es una Ley de Leyes que responde a su tiempo y nace desde la sabiduría popular. Es el texto más humanista, enaltecedor y avanzado de toda la historia de nuestras Constituciones.

Es un documento que ratifica que nuestro destino se construye con la voluntad, el esfuerzo y el amor de los millones de hijos buenos que empujan nuestro país, con ganas, dedicación y lealtad.

Nuestra Revolución es una sola, y la Patria, también. Lo más importante seguirá siendo Cuba y la unidad que nos define, que nos salva, que nos convoca.