Cuba vuelve a decir al mundo que la historia no ha terminado
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Con la presencia del General de Ejército, Raúl Castro Ruz, y del Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, tuvo lugar este viernes en la mañana, desde la Tribuna Antimperialista, el Acto Central por el Día Internacional de los Trabajadores. La jornada, que estuvo precedida de una marcha popular de más de medio millón de cubanas y cubanos, dio a conocer que 6 230 973 compatriotas estamparon sus nombres en «Mi firma por la Patria».
«No somos un pueblo que agrede, que siembra el odio, el fanatismo o la confrontación. Somos un pueblo noble, de buenos sentimientos, dispuesto a defender sus conquistas. Mientras el mundo rico acumula armas y levanta muros, los pueblos del Sur Global clamamos por un destello de humanidad».
Esa semblanza que hace justicia a los hijos de Cuba fue compartida en la mañana de este viernes, Primero de Mayo, por el Miembro del Comité Central y Presidente de la Comisión Organizadora del XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Osnay Miguel Colina, durante el Acto Central por el Día Internacional de los Trabajadores, que tuvo lugar en la Tribuna Antimperialista y contó con la presencia del General de Ejército, Raúl Castro Ruz, y el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
El cierre de ese acto celebrado bajo un cielo limpio y junto a un mar asombrosamente quieto, fue el canto de «La Internacional». Y al cabo de una jornada que contó con la participación de más de medio millón de habaneros en representación de todo el pueblo, esta reportera se preguntaba en cuántos lugares del planeta se habrá cantado ese precioso himno que invita a la hermandad entre los seres humanos.
La jornada de celebración no tuvo su inicio en la Tribuna Antimperialista: todavía la luna era una moneda perfecta sobre el cielo oscuro cuando el pueblo empezó a arrollar -con el Presidente Díaz-Canel y otros dirigentes de la Revolución al frente-, por la capitalina avenida de Paseo, rumbo al mar. Avanzaba la multitud como movida por un torrente volcánico; podía sentirse el calor desprendido de una masa humana compacta.
Paseo abajo, entre banderas y consignas, iba el pueblo. Y entre clamor y clamor, podían sentirse las costuras de la vida; se escuchaban las frases del bregar cotidiano; podía advertirse el cariño entre compañeros y ese goteo alegre de estar, esa voluntad de existir y de ser feliz pese a toda vicisitud.
Lo de Cuba -lo entendí desde hace mucho tiempo- es la suerte del ser viviente que podría ser destruido pero no derrotado. Ella, tan única en su naturaleza, tan al Sur del Norte, y flotante al Norte de los hermanos de Nuestra Ámerica, se acostumbró a arrostrar su suerte con coraje. Y así, con ese espíritu, llegaron sus hijos, este viernes, hasta la Tribuna, para celebrar un Día que tal vez muchos han olvidado, o han preferido olvidar.
Junto al pueblo, también se encontraba presente el miembro del Buró Político y Secretario de Organización del Comité Central del Partido Comunista, Roberto Morales Ojeda; así como el Comandante del Ejército Rebelde, José Ramón Machado Ventura; y otros dirigentes. Llegaron hasta el lugar más de 827 amigos de Cuba; Héroes y Heroínas del Trabajo, fundadores y líderes de la CTC; así como una representación del Cuerpo Diplomático acreditado en la Isla.
En nombre de la mujer trabajadora del sector de la Industria, alzó su voz Yolaydis Hernández Valdés -especialista del Grupo Empresarial de la Industria Química-. Ella denunció al bloqueo imperial, y dijo: “Tenemos la responsabilidad de reinventarnos para crecer”, expresó la joven, quien compartió su certeza de que “seguiremos adelante, siempre con nuestros propios esfuerzos”.
Seguidamente, tuvo lugar un momento de especial trascendencia: como 6 230 973 cubanas y cubanos estamparon su voluntad en «Mi firma por la Patria», este viernes, de manera simbólica, integrantes de las organizaciones de la sociedad civil cubana hicieron entrega al General de Ejército Raúl Castro Ruz y al Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, de dos libros con firmas del pueblo, así como de un cuadro donde se reflejaba la cifra de compatriotas que respaldaron ese movimiento por la paz y la soberanía.
A cargo de Osnay Miguel Colina estuvieron las palabras centrales del Acto, quien dijo que «nuestros enemigos han ensayado y probado todo. Pensaban vernos asfixiados, rendidos; y aquí estamos, comprometidos y firmes, con el pie en el estribo y combatiendo».
«Estos cuatro frentes de marcha en que hemos desfilado -recalcó- brotan de la historia. Son frentes guerrilleros. Esta masiva, colorida y patriótica concentración de más de medio millón de habaneros, es el Primero de Mayo de Fidel en el año de su centenario. Es la respuesta contundente de los trabajadores de toda Cuba que han llenado las calles y plazas, demostrando que hay Cuba socialista y antiimperialista para rato, sin rendición ni olvido de la historia, sin traicionar la gloria que se ha vivido».
«Por eso el General de Ejército Raúl Castro Ruz está aquí, al frente del pueblo de la capital y de toda Cuba, junto a la generación que continúa su obra, defendiendo la Patria con lealtad, convicción y firmeza ideológica, con ese sentido del momento histórico que Fidel definió en el Concepto de Revolución, un día como hoy, hace 26 años».
El Presidente de la Comisión Organizadora del XXII Congreso de la CTC reflexionó que, “en pleno siglo XXI, donde la extrema derecha y el neofascismo pretenden dominar sin resistencia, reafirmamos nuestra estirpe mambisa y rebelde. Contra vientos y mareas seguiremos defendiendo nuestras esencias y principios, alzando las voces en defensa de la paz, la solidaridad, y por un mundo donde el ser humano, y no el capital, sea el verdadero horizonte».
Y en otro momento de su intervención subrayó que, en medio de la tormenta mundial «Cuba, Isla insumisa, sigue alzándose como un faro moral, sin ejércitos para invadir, sin algoritmos digitales para mentir».
«Este país -significó- ha enviado médicos a donde otro envía bombas, ha ofrecido alfabetización donde otros imponen analfabetismo funcional, y ha compartido lo poco que tiene donde otros acaparan riqueza. Nuestra mayor arma no es un misil, sino una conciencia, la certeza de que otro mundo mejor es posible».
El Miembro del Comité Central del Partido Comunista enunció que, «mientras haya un solo niño cubano aprendiendo a leer, un solo médico en una aldea remota del mundo, una sola voz denunciando la injusticia desde esta Isla, Cuba seguirá siendo el ejemplo que tanto molesta a los enemigos históricos».
Sobre el bloqueo imperial, denunció que «el costo material y financiero acumulado es de miles de millones de dólares y constituye el principal obstáculo para el desarrollo del país; pero el daño humano provocado, que ahora se acentúa con el cerco energético, es imposible de llevar a una estadística».
«El rostro humano de la asfixia constituye la mayor denuncia al crimen. Para decirlo con todas las letras y denunciarlo en cualquier tribuna, se trata de un despiadado castigo colectivo. Sin embargo, frente a todo pronóstico de esa maquinaria de guerra que incluye la intoxicación mediática y el linchamiento en redes sociales, frente a tantísimas limitaciones que buscan ahogarnos y rendirnos ante amenazas irracionales de guerra y muerte, este Primero de Mayo confirma que estamos aquí, que no solo resistimos: también creamos, crecemos y vencemos ante la adversidad».
Cada día que pasa, enfatizó, «es una victoria para Cuba, es una victoria para la paz y se va tejiendo una nueva épica admirada por los pueblos dignos en el mundo. Esta es nuestra trinchera, es la respuesta al fin de la historia de trasnochados ideólogos capitalistas. La historia no ha terminado, la seguimos escribiendo a golpe de martillo y con ideas revolucionarias, con el uso de las plataformas digitales para defender la verdad y denunciar la barbarie».
«Ese es también nuestro Girón, hoy y siempre».
Hacia el final de sus palabras, en el Acto acompañado de la belleza y la alegría del arte, Osnay Miguel Colina afirmó: «El Primero de Mayo en Cuba será siempre una expresión genuina de unidad en torno a la Revolución y el Partido. Es trinchera de la clase obrera internacional y la prueba viviente de que los trabajadores son el eslabón principal en la construcción de la historia de un pueblo que sigue de pie y combatiendo, que no se rendirá jamás, y que está decidido a luchar hasta la victoria siempre».